El Castillo de Soto del Barco

El devenir histórico del concejo de Soto del Barco está incluido dentro de una franja más amplia de territorio que sus actuales dimensiones conformadas el 29 de diciembre de 1836, cuando se constituye en Ayuntamiento independiente de Pravia. El origen más remoto del poblamiento en esta zona se puede remontar a época prehistórica a través de hallazgos de algunos útiles característicos de estos momentos como son dos bifaces aparecidos a orillas del arroyo de Caseres y un esferoide localizado en el pueblo de La Arena. De la fase neolítica y calcolítica hasta el momento no se ha registrado ningún resto arqueológico que confirme la presencia humana en este concejo, pero sí se tiene constancia de estructuras megalíticas propias de estos momentos en zonas limítrofes, que indirectamente advierten de la continuidad del poblamiento en toda la comarca del Bajo Nalón. Durante el período protohistórico se sitúa el origen del castro que se localiza en el lugar del Castillo, conocido con el nombre del Castillo de San Martín. Esta adscripción cronológica está avalada por las excavaciones arqueológicas realizadas a principios de la década de los noventa en este lugar, en donde se pudo documentar una secuencia estratigráfica que abarca desde la Edad del Hierro hasta época moderna. Este enclave fortificado será un importante punto de referencia durante todo el desarrollo histórico de este concejo. A partir del inicio de la etapa romana, el concejo cuenta con más volumen de datos, tanto documentales como arqueológicos, referentes a su evolución histórica. Este término, ubicado en el territorio de los astures y más concretamente en el de los pésicos, ya desde los primeros momentos de su romanización estuvo integrado en la órbita general del Imperio, beneficiándose de la creación de infraestructuras viarias que pusieron en relación los principales núcleos de población del noroeste entre sí y con la red general de vías de Hispania.
Por el concejo de Soto del Barco discurría, en dirección este-oeste, la ruta costera recogida en el Itinerario de Antonino y en el Anónimo de Ravenna que ponía en comunicación el Golfo de Vizcaya y Galicia. Este itinerario fue utilizado en época medieval como ruta costera del Camino de Santiago. Esta zona cuenta con importantes vestigios de un asentamiento agropecuario, posiblemente una villa, localizados en el lugar de Ponte. La existencia de este yacimiento se conoció a través de las noticias trasmitidas por Bances y Valdés en 1794, quién afirma que aún quedaban en pie paredes, cimientos, algibes, etc… En la actualidad estos restos están cubiertos. Otros elementos arqueológicos que confirman la romanización de esta zona son los aparecidos en el Castillo de San Martín. A principios de siglo se localizaron unas monedas romanas desaparecidas durante la Guerra Civil y también se documentaron materiales romanos durante las excavaciones realizadas en este yacimiento. El periodo medieval es conocido, fundamentalmente, a través de los datos arqueológicos y documentales aportados por el Castillo de San Martín. Este enclave fue el centro de la comarca del Bajo Nalón hasta que se funda la puebla de Pravia. El Castillo de San Martín está situado en un estratégico emplazamiento, en la desembocadura del río Nalón. Se atribuye a Alfonso III la construcción de este enclave fortificado sobre los restos de un asentamiento anterior, con el fin de proteger la costa y la ría de incursiones normandas. Bances y Valdés a mediados del s. XVIII visitó el castillo dejando una descripción pormenorizada del fortín. La primera defensa estaba formada por un foso y una barbacana con tres puertas. La puerta principal se llamaba del Rastrillo y estaba situada enfrente de la torre del homenaje.
Dentro del recinto se situaban la vivienda del alcaide, habitaciones para la guarnición, una plaza de armas y una capilla dedicada a S. Martín. Durante toda la Edad Media se utilizó como plaza fuerte en diversas disputas nobiliarias; Gonzalo Peláez la tomó durante su lucha contra Alfonso VII y posteriormente pasó a manos del conde Suero Vistrario, lugarteniente del rey. Durante las luchas entre el conde de Gijón y Juan I y Enrique III, el castillo fue el cuartel general de los partidarios de los reyes. Diversos documentos recogen que a mediados del s. XV se destinaron 120.000 maravedíes al corregidor Fernando de la Vega, con el fin de reparar la fortaleza de Oviedo y el Castillo de San Martín. En 1565 es nombrado alcaide de la fortificación Juan Bernardo de Quirós. En el s. XVII, dentro de la política de los monarcas de la casa de Austria de perpetuar los oficios a cambio de dinero, Felipe III nombra alcaide perpetuo a Diego de Miranda en 1617, padre del primer marqués de Valdecarzana. A partir de este momento permanece el emplazamiento en poder de la casa de Miranda. De origen medieval también parecen ser la fundación de la iglesia de San Pedro de Soto, y de un pequeño monasterio. Estos dos edificios fueron donados por su fundador, el presbítero Geboldo, al monasterio de San Vicente de Oviedo. Hasta la época moderna, el paso del Nalón se realizaba por medio de un servicio de barcas, una de ellas se situaba en La Bimera. Las barcazas más importantes se localizaban en El Forno y en El Castillo. Desde el siglo XIX la historia de Soto está fuertemente ligada a la emigración de trabajadores a Cuba y al despertar económico del puerto de La Arena. Este pueblo cuenta con una larga tradición pesquera y marinera, asociada a una importante industria conservera que desapareció en los años setenta. Esta vocación marinera se alternaba con el comercio de cabotaje de cacharrería y productos hortícolas.

 

Fuente: Web del Ayuntamiento de Soto del Barco